• Antonella Néspola

Festival del Asombro


Artes plásticas

Bajo la consigna ¿qué te asombra?, se le pidió a distintos artistas que manifiesten a través de sus composiciones pictórícas su sentir frente a dicho interrogante. La inmensidad e infinitud de la creación fue uno de los aspectos que más se hizo presente en las distintas obras, en las cuales es posible advertir un intento de búsqueda de lo trascendente, frente a la conciencia de la pequeñez humana que se inclina siempre al reconocimiento del misterio que la excede. Desde esta perspectiva, pues, algunos de los pintores encontraron esta vivencia de lo cotidiano como algo asombroso en la mirada del niño, quien se sorprende sin medida al descubrir el mundo, al escuchar un ave o contemplar el mar. Nuestra tarea como adultos es, entonces, salir del acostumbramiento para redescubrir aquello que nos rodea desde esta mirada pueril y encantada, advirtiendo la magia que esconde la perfección de la creado.

Caleidociclo

Antes que irrumpiera la dictadura del café y la opresión de las corbatas, en el principio era el juego. Poco importaba no tener carnet para caminar si la imaginación nos trasportaba a mundos tan vastos imposibles de explorar. Una pequeña habitación o un pedazo de patio era el escenario suficiente para despegar con un simple juego en un desborde de libertad. Porque cuando uno juega las minuciosas reglas lejos de atar rescatan y todos los movimientos absurdos irradian frescura y vitalidad. Que más da no saber deletrear si las carcajadas, gritos y silencios son el mejor idioma para jugar.

Pero algún día, casi sin darnos cuenta, caímos en esa extraña maldición que padece nuestra raza: el acostumbramiento. Y entonces dejamos de jugar. La rutina, los años, las preocupaciones nos pulverizaron el asombro y ese avioncito fascinante se convirtió en papel para anotar, calcular, trabajar. Los inmensos y brillantes ojos del niño se tornaron en una mirada gris y apagada, incapaz de ver en ese árbol una torre a conquistar.

Sin embargo, el alma que jugaba aún aguarda ser llamada del destierro, pues como todo lo genuinamente humano no puede morir. Bastará que algún simpático perturbado nos presente un par de colores para despertar del sueño de la seriedad y que la rebelión del sentido arrase contra las cadenas de lo “prácticamente útil” que nos impiden jugar. Entonces sí, volveremos nostálgicos a Casa y nuestro corazón de hijo gozará junto a la Sabiduría creadora recreándose como en el principio en la magia de jugar…

“Yo estaba junto a Él, como aprendiz, yo era su alegría cotidiana, jugando todo el tiempo en su presencia, jugando con la esfera de la tierra; y compartiendo mi alegría con los humanos.” (Proverbios 8,30-3)

Antonella Néspola Directora de Arte de la SITA Joven

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