Escapemos hacia la verdad

November 5, 2017

 

Estuvimos todo el día trabajando y estudiando, llegamos a casa con mil cosas que nos preocupan en la cabeza  y estamos muertos de cansancio. Nos quejamos de la rutina, todos los días lo mismo. Nos dejamos caer pesadamente sobre la cama, nos ponemos los auriculares y buscamos nuestra banda preferida en el celular. El mundo desaparece. Las preocupaciones parecen evaporarse. Somos sólo nosotros haciendo mímica de la letra mientras hacemos un solo con una guitarra invisible. Al terminar el tercer tema nos sacamos los auriculares y nos quedamos mirando hacia el techo con una sonrisa que mágicamente apareció en nuestra cara y pensamos: “La vida es hermosa”. ¿Qué pasó ahí?

 

Lo que sucedió fue que tuvimos una experiencia artística. Esto significa que hubo algo en esa canción que “nos llegó” de alguna manera y que movió algo en nuestro interior al punto de cambiar totalmente nuestro estado de ánimo. Para poder respondernos qué es ese algo y qué es lo que se activa dentro de nosotros al ponernos en contacto con una obra de arte hagamos una breve aproximación al arte.

 

El arte y la belleza

 

Santo Tomás de Aquino nos dice, siguiendo a Aristóteles, que el arte es el ordenamiento de una determinada técnica para la producción de algo bello. De esto se pueden extraer tres conclusiones. La primera es que todo lo natural no es arte, sólo lo es lo artificial —como su nombre lo indica—; es decir, lo hecho por el hombre.

 

La segunda es que para que algo sea considerado como arte es necesario que el artista domine una técnica específica para poder realizarlo. Por ejemplo, para esculpir una estatua de mármol hay que saber cómo utilizar el cincel y de qué modo aplicar los golpes. De igual modo, para componer una canción se debe dominar el modo en que las notas forman un acorde.

 

La tercera es que para que un objeto sea arte, este debe ser bello. Pero, ¿qué es la belleza? Aquí una vez más Santo Tomás nos brinda la respuesta diciendo que lo bello es “aquello que visto, agrada”. Y nos dice también que para que algo sea bello debe contar con tres características: integridad, armonía y claridad.

 

La integridad significa que el objeto debe estar completo. Las cosas rotas o inacabadas no son bellas. La armonía hace referencia a la relación entre las partes internas de la cosa y cómo se relacionan con el observador. Lo deforme no es bello. Y la claridad remite a que la obra de arte debe transmitir cierta luz, una cierta trascendencia.

 

Tolkien y la experiencia artística

 

Una vez hecho este recorrido, podemos volver sobre la influencia que todos estos elementos presentes en la obra de arte ejercen en nosotros. En este punto vamos a contar con la ayuda de J.R.R. Tolkien, el autor de la famosísima trilogía El Señor de los Anillos.

 

Tolkien se pregunta sobre el efecto de los “cuentos de hadas” —como él se refería a la fantasía— y del arte en general en la personas. Nos dice que la experiencia artística nos tiene que causar “evasión, renovación y consuelo”.

 

La evasión, aclara, no debe ser tomada como la huída del desertor, sino como la del prisionero injustamente encarcelado que trata de recuperar la libertad perdida. Nos “escapamos” de la realidad a la cual no le encontramos el sentido hacia un mundo secundario que nos permite ver el mundo real de otra forma.

 

Esto permite una renovación interior. Redescubrimos el verdadero valor de las cosas al apreciarlas dentro de la melodía de una canción, en los árboles pintados en un cuadro, en los movimientos acompasados de una danza. Esto nos permite regresar al mundo real y darnos cuenta de que vemos las cosas distinto: los sonidos ya no suenan igual, nos detenemos a contemplar un árbol que habíamos visto mil veces pero que ahora tiene un atractivo especial, apreciamos la manera de moverse de la gente y la expresividad que eso conlleva… Hemos descubierto la verdad profunda que tienen todas las cosas.

 

Y esto nos trae consuelo. Consuelo de descubrir que el mundo está lleno de maravillas que aguardan a ser descubiertas, que están ahí, cerca nuestro, todos los días. Caemos en la cuenta de que sólo es preciso limpiar los cristales de nuestras almas mediante el disfrute y la magia que tiene una obra de arte.

 

Marcos Rial

Director de Comisiones de la SITA Joven

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