Esperemos parados y caminando

October 15, 2017

 

Cuando hablamos de esperar, comúnmente lo referimos a esperar algo, alguien, o algo de alguien. Sería muy válido preguntarnos, ¿en qué depositamos nuestra esperanza cuando esperamos? O dicho de otro modo, ¿cuál es el fundamento de nuestra esperanza cuando esperamos algo?

 

Nadie comienza a escalar una montaña si antes no cuenta con la mínima esperanza de que puede llegar a la cima. Esto no quiere decir que por tener la confianza y esperar llegar vamos a llegar de hecho, pero si esto no está presente, no tiene el más mínimo sentido emprender la marcha. “Hoy es el día, hoy llego a la cima”, se dice el escalador. ¿Cómo lo sabe? No sabe cómo, pero lo sabe. Aquí la esperanza del escalador está fundada en su capacidad deportiva y su voluntad de alcanzar la meta. Pero hay algo más…

 

Cuando un chico vence la vergüenza y el miedo natural y se acerca a hablarle por primera vez a esa chica que le gusta tanto, lo hace porque tiene la esperanza —pequeña tal vez, pero bendita— de que ésta acepte su invitación para salir. “Hoy no me importa nada y me la juego, me va a decir que sí”. En este caso, la esperanza se funda en la certeza de tener algo, alguna característica de personalidad que pueda interesar y atraer a la señorita en cuestión. Pero también hay algo más…

 

De estos ejemplos se puede sacar la conclusión de que la esperanza es ante todo motor, motor que nos mueve hacia algo. Es aquello que nos motiva a actuar. Si la esperanza es lo que nos motiva, nos mueve, entonces la falta de esperanza nos inmoviliza, nos paraliza. Las personas con poca o nula esperanza suelen ser estáticas, inmóviles, no comienzan los proyectos que querrían porque no creen que puedan realizarlos; no se atreven a soñar porque no esperan poder alcanzar sus sueños.

 

Hemos visto que existen elementos que fundamentan nuestra esperanza en los casos particulares; ahora, ¿es posible trasladar esto a casos generales, es decir, la vida? ¿Qué es lo que nos mueve a vivir? ¿Qué nos mueve a actuar bien cuando esta no es la opción más fácil para elegir? Debe haber algo que constituya la esperanza de nuestra vida en general, algo que, sencillamente, nos dé ganas de vivir.

 

Santo Tomás de Aquino nos dice que la esperanza es la virtud que le da al hombre confianza y certeza de conseguir la vida eterna apoyado en el auxilio de Dios. Es Dios ese “alguien” de quien esperamos “algo”; Él es el garante de que lo que deseamos, en tanto que es bueno, puede ser alcanzado. Esto es válido eminentemente para los bienes sobrenaturales, claro está, pero también para los naturales, siempre y cuando estén ordenados a los sobrenaturales.

 

Por esto cuando el escalador conquista la cima de la montaña se siente agradecido por haber tenido la oportunidad de haberlo logrado, y el chico se siente agradecido a la vida por haber conquistado a la chica que le quitaba el sueño. Quien hace posibles ambas conquistas es el propio Dios, ambos son conscientes que hubo algo más allá de ellos que les permitió la victoria.

 

Si confiamos en Dios, tenemos la certeza de que nuestros deseos buenos y profundos han de realizarse de algún modo, porque es Él mismo Quien los ha puesto en nuestro corazón.

 

Para quien no tiene esperanza, que no desespere: la esperanza es un don, y se gana pidiéndolo. Así como decía Picasso: "que la inspiración nos encuentre ocupados"; podemos afirmar: "que la esperanza nos encuentre de pie y caminando".

 

Marcos Rial

Director de Comisiones de la SITA Joven

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