¿Santo Tomás abortista?

June 12, 2018

 

Hace un par de días se publicó en Infobae una nota titulada "Cuando la Iglesia católica admitía el aborto (...)". En ella se intenta mostrar que, para la Iglesia, el aborto no siempre habría sido algo tan malo. Esto habría cambiado sólo a partir del siglo XIX. En las breves líneas de la nota, el autor menciona un par de pasajes del Antiguo Testamento, y "cita" además a San Agustín y a Santo Tomás. Sin duda pretende hacer un recorrido audaz. ¿Será acaso un experto en Sagradas Escrituras? ¿Tendrá una certificación académica en patrística? ¿Será un erudito en pensamiento medieval?

 

Aclaremos algo. Que la Iglesia no se haya pronunciado contra el aborto desde el siglo I no quiere decir que no lo haya considerado algo perverso. Sentido común: se pone el cartel de "cuidado, precipicio" cuando más de uno se acerca más de la cuenta al filo. Entonces viene el municipio y clava el cartel. ¿Esto quiere decir que antes el municipio no consideraba peligrosa una potencial caída de 300 metros? No, solo que antes no era necesario aclararlo porque la gente no tenía intenciones de acercarse en masa. Lo mismo pasa con la Iglesia y el aborto. Ahora bien, este post hubiera terminado aquí si la nota —como tantas otras— no hubiera citado a Santo Tomás. ¿Citar a Tomás para justificar el aborto? Es como citar a Cayo Lelio para justificar la traición, o a Miguel Ángel para justificar el iconoclasmo, o a Steve Jobs para justificar Android. Por más que lo perfumen, no huele bien.

 

Qué dijo Santo Tomás

 

Para empezar, se debe tener en cuenta que Santo Tomás era un teólogo, por lo que lo relativo al inicio de la vida no le interesa de modo principal. Toca el tema, sí, pero sólo de manera marginal en contadas ocasiones, y en el marco de otros temas. Uno de estos es la creación del ser humano.

 

Santo Tomás sigue a Aristóteles al afirmar que está vivo todo aquello que se mueve a sí mismo (Cfr. I, q18, a1, c). Y algo sólo puede moverse a sí mismo si tiene alma. Conclusión: todo ser vivo tiene alma. Se toma aquí movimiento en sentido amplio. Por ejemplo, si pienso, estoy en movimiento. Ahora bien, el movimiento de las plantas, los animales y los seres humanos es distinto. Las plantas se alimentan, pero no pueden ver. Los animales se alimentan y ven, pero no pueden pensar. Y los seres humanos nos alimentamos, vemos y pensamos. Como el principio del movimiento es el alma, hay, pues, tres clases de almas: vegetal (nutritiva), animal (sensitiva) y humana (intelectiva o racional). La superior tiene todas las funciones de la inferior, y agrega otras que sólo ella tiene. ¿A qué vamos con todo esto?

 

A diferencia del alma de los vegetales y los animales, el alma de los seres humanos es creada directamente por Dios. Sólo desde ese momento empieza a haber un ser humano. ¿Y qué dice al respecto Santo Tomás? "El alma preexiste en el embrión, primero como nutritiva; después como sensitiva; y, por último, como intelectiva." (I, q118, a2, ad2) ¿Qué quiere decir esto? Que para Santo Tomás, el embrión está vivo desde el principio —pues posee un alma—, pero sólo después de algún tiempo de la fecundación, cuando la materia se ha desarrollado y está bien dispuesta, Dios infunde el alma humana. ¿Gol de los abortistas? No, porque Santo Tomas aclara: "según dice el Filósofo en el Libro de la generación de los animales (...)" (I, q118, a2, ob2). Es decir, apoya sus conclusiones en datos contingentes que no son suyos. Esta es la parte que no citan los abortistas. ¿Cuáles son estos datos?

 

Santo Tomás y el inicio de la vida hoy

 

Santo Tomás es un teólogo, no un médico. De ahí que, en cuestiones que se tocan con lo biológico, pone en juego dos clases de datos. Unos son los principios generales, que son de índole filosófica y por eso no cambian. Para este caso: si está vivo, debe tener un alma; y donde hay un cuerpo humano debe haber un alma humana. Los otros datos son la información del caso concreto al cual aplicar dichos principios, y dependen del avance de la ciencia del momento. En tiempos de Tomás, los médicos seguro andaban más ocupados curando algún tipo de epidemia que haciendo ecografías. Por eso para el dato biológico recurre al "Filósofo", es decir, a Aristóteles, que murió alrededor del 322 antes de Cristo. Aristóteles fue un genio, pero su biología era muy precaria. Por ejemplo, en el libro que cita Tomás, Aristóteles señala que "el esperma está compuesto de aire innato (pneuma) y agua, y este aire innato es aire caliente" (De Gen. Anim., libro 2, 736a). Por muy crack que haya sido, con esta respuesta no pasa de año en biología.

 

Santo Tomás no podía leer cadenas de ácido desoxirribonucleico, y por eso recurre a Aristóteles, a quien sí leyó, y para quien el ser humano no se formaba sino hasta tiempo después de la concepción. Pero Tomás es consciente de que la alusión a Aristóteles se da en el plano de lo contingente, es decir, de lo que puede cambiar. De ahí que, aplicando aquellos principios generales a datos distintos, puede llegar a una conclusión diferente sin cambiar esos principios. Esto ocurre frente al dato bíblico de la Encarnación. Dejemos que hable Tomás: "fue preciso que el cuerpo de Cristo fuese animado por el alma racional en el primer instante de la concepción" (III, q33, a2, c). Santo Tomás reconoce que puede haber un ser humano desde la concepción.

 

A Santo Tomás no le tiembla el pulso para cambiar el dato de Aristóteles por el dato de la Biblia al hablar de la Encarnación. Y con seguridad tampoco trepidaría en cambiar lo escrito respecto de todos los demás seres humanos frente al dato de la biología de hoy. El microscopio delata que el concebido está en movimiento: está vivo. "Pero no tiene cuerpo humano", dirán algunos. Y, sin embargo, la embriología confirma que posee una carga genética única, con sus 46 cromosomas propios. Si está vivo y tiene un ADN humano, ¿qué es?

 

Daniel Torres Cox

Diácono de FASTA

Director de Formación de la SITA Joven

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