¿Único e individual... ista?

July 11, 2018

 

“Es mi derecho”, “yo lo merezco”, “me hace bien a mí”, “mi cuerpo, mi decisión”. Todas estas consignas tan repetidas hoy en día por el feminismo tienen una misma raíz: el individualismo. Lo que importa es lo que quiero yo sin pararme a pensar si lo que estoy reclamando tiene alguna repercusión sobre otro que no sea yo. ¿Cuánto hay de legítimo en este planteo? Analicémoslo.

 

Principio vital

 

Santo Tomás, siguiendo a Aristóteles, definía al alma como el acto primero de un cuerpo naturalmente organizado que tiene vida en potencia, y también como aquello por lo cual primeramente vivimos, sentimos, nos movemos y existimos. Cuando Aristóteles habla de alma no está hablando de espíritu (recordemos que Aristóteles no era cristiano) sino de un principio que “anima” a los cuerpos para que estos tengan vida.

 

Para Tomás, las plantas y los animales también tienen alma, sólo que es distinta respecto de la del hombre. En el caso de las plantas, su alma les permite crecer, alimentarse y reproducirse; el alma animal permite las sensaciones y los apetitos sensibles; y el alma humana permite el conocimiento, ya que sus facultades son la inteligencia y la voluntad (los animales no comprenden ni quieren, tienden a las cosas de manera instintiva).

 

¿Pero por qué es necesario afirmar la existencia de un alma? ¿No basta con dar una explicación orgánica a todas estas acciones? La respuesta es no, ya que si agrupo un montón de hojas y las riego, no crecen; y si junto una media res con su otra mitad no va a respirar. La materia sola no da razón de ser de cada individuo.

 

Alma y dignidad

 

El alma animal otorga a los animales el "derecho" de no ser maltratados, porque gracias a ella pueden sentir y, consiguientemente, sufren. También les otorga dignidad como especie, por lo que no está permitido extinguir a un determinado tipo de animal. Pero no les otorga dignidad individual, ya que su alma es puramente material, por lo que no está mal que el hombre se sirva de los animales para su alimento y utilidad.

 

En el caso de los animales es más importante la conservación de la especie que del individuo, por eso es lícito cazar animales para alimentarnos y utilizarlos como recursos siempre y cuando se respete el desarrollo de su especie. En el caso del hombre, el criterio de valoración es diferente, ya que el alma que posee es racional, lo que implica una cierta inmaterialidad.

 

La inteligencia y la voluntad no dependen del cuerpo: son facultades puramente inmateriales, cosa que no ocurre con ninguna de las facultades de las plantas y de los animales. Esta alma racional es la que hace único a cada individuo, y la que le otorga su dignidad. Por eso es que cada ser humano tiene valor en sí mismo, y atentar contra esta alma es ir en contra de la dignidad esencial de la persona.

 

Dignidad individual

 

Habiendo realizado este recorrido podemos extraer algunas conclusiones prácticas. En primer lugar, el hombre, por poseer un alma racional, tiene un valor individual; esto es, no depende de ningún otro para ser sujeto de derechos humanos fundamentales. Por lo tanto, en este punto al parecer no habría problema en afirmar “es mi derecho” o “yo con mi cuerpo hago lo que quiero”.

 

Pero en segundo lugar, reparamos también que todo esto que se ha afirmado acerca del ser humano nacido se aplica íntegramente al no nacido teniendo en cuenta la evidencia científica que afirma que la vida comienza desde el instante de la concepción. Nos encontramos entonces con que lo planteado en las consignas del inicio es doblemente falso, ya que, por un lado, la afirmación “mi cuerpo, mi decisión” no es aplicable al caso del aborto, ya que biológicamente el bebé no forma parte del cuerpo de la madre; y, por otro lado, el derecho individual que reclama la madre choca con el derecho individual que le corresponde al ser humano no nacido.

 

A modo de conclusión, cada ser humano es único, y también es individual, pero los derechos de un individuo nunca pueden atentar contra los derechos de otro individuo de igual dignidad. Esto es el individualismo: una manifiesta injusticia antropológica y jurídica. Por lo tanto, el aborto es un acto criminal a los ojos de la biología, del derecho y de la filosofía.

 

Marcos Rial

Director de Investigación de la SITA Joven

 

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