Universo, reloj o ruleta

 

Les propongo que hagamos un experimento mental. Paso 1.- Cierren los ojos e imaginen que nada existe. No hay planetas, células, ni estrellas, no hay fuerza débil, gravedad, átomos ni nada de eso. Nada existe. Paso 2.- Ahora hay dos objetos, comienza la existencia en nuestro nuevo universo.

 

Imagínenlo, hagan el esfuerzo. Quizá lo más difícil sea pensar en todo lo que no existe en este nuevo mundo. Si creen haberlo conceptualizado correctamente podemos pasar al siguiente paso. Paso 3.- Les hago algunas preguntas: ¿Qué formas tienen los objetos? ¿Se mueven? Si se mueven, ¿en qué sentido? ¿Chocan? ¿Se destruyen? ¿Por qué? ¿Por qué son dos y no tres? Por favor tómense un momento para responder, focalícense especialmente en las últimas dos preguntas. Cuando tengan una respuesta que les guste, o intrigue pueden pasar al próximo párrafo. Pero por favor ¡no se pierdan el gusto de hacer filosofía! ¡Cada uno piénselo por su cuenta!

 

Azar y necesidad

 

Cuando se trata de dar cuenta del orden del universo las explicaciones que se suscitan son diversas. Algunos dirán que el azar es la regla suprema: todo lo que sucede es casualidad, es decir, que sucede sin ningún motivo en particular. Otros dirán que la única explicación es la necesidad: pasa lo que tiene que pasar porque así lo imponen las fuerzas del universo y la acción de sus seres, no podría ser de otra manera. Les propongo que intentemos aplicar estas soluciones a nuestro nuevo universo, y ver si con ellas podemos dar una respuesta satisfactoria a las preguntas del experimento.

 

Una mirada profunda descubrirá que ni el azar ni la necesidad alcanzan a dar respuesta acabada a nuestras cuestiones. Al investigar si los cuerpos se movían o no, habrán descubierto que sencillamente no lo sabían, y que tampoco tenían ningún indicio para averiguarlo.

 

En el mundo real las cosas se mueven, claro, pero, ¿qué impide que aquí no lo hagan? Podría ser que se movieran en círculos, atrayéndose o alejándose, o que al chocar se convirtieran en flores de diversos colores. Nada impide que esto sea lo natural y esperable en un universo del que no conocemos sus leyes. Y me animo a dar un paso más. Al preguntarnos por qué esto era así y no de otra manera, la única respuesta sensata es que es así porque yo lo decidí al elegir las reglas del juego, pero nada impedía que fuera de otra manera. Observar la naturaleza y meditar un poco nos convencerá de que la necesidad, si acaso existe en algún proceso natural, no puede ser la regla última de las cosas.

 

Si una hoja cae de un árbol cualquiera, va a parar sobre un pastizal en llamas y se quema, diremos que se quemó por casualidad. Llamamos azar a lo que sucede por la coincidencia imprevista de fuerzas ya existentes. Tratemos de aplicarlo a nuestro mundo experimental: Supongamos que los dos cuerpos existentes se atraen. Podemos decir que esto sucede por casualidad, pero no podemos pretender que este sea el motivo fundamental de lo que acontece, pues el azar siempre supone algo anterior no azaroso. Si alguno entendiera el azar como falta absoluta de motivo, diría que ambos cuerpos se atraen porque sí y punto: no hay causa. Entonces estaríamos afirmando que una determinación real de la naturaleza —la atracción— salió de la nada, pues ¡podrían no atraerse! Y nuestra mente no puede concebir que el ser salga de la nada: es algo contradictorio. Si no estamos suficientemente convencidos de esto es porque nuestra idea de “nada” no es lo suficientemente buena; afinémosla y lo veremos con claridad. Pensar que el azar puede dar cuenta del orden de la naturaleza es decir que la explicación de la realidad es la falta de explicación. Pero el mundo sigue siendo lo que es y haciendo lo que hace, no otra cosa.

 

Las ideas que hemos planteado hasta aquí pueden darnos una clave para contemplar la naturaleza y sus maravillas. Todo lo que existe, ¡podría nunca haber existido! Ni el azar ni la necesidad pueden explicar a fondo la realidad. ¿Cuál es entonces la explicación fundamental? ¿Obran las cosas de acuerdo a un plan? ¿De dónde viene ese plan…?  Queda para que lo piensen ustedes.

 

Nuestro amigo Santo Tomas de Aquino

 

Finalmente les dejo un marco filosófico para quienes les interese el tema y quieran seguir pensando e investigando: Santo Tomas de Aquino propone cinco vías para demostrar la existencia de Dios. En la quinta, parte del gobierno del mundo para concluir la existencia de un Ser inteligente que ordena todas las cosas hacia su fin: Dios. Para desarrollar este argumento el santo parte de dos premisas. La primera de ellas es la que he intentado plantear y evidenciar en este artículo. Podría enunciarse así: Las cosas de la naturaleza tienden hacia un fin, lo cual se manifiesta en el hecho de que siempre o la mayoría de las veces obran de la misma manera y consiguen lo que les conviene. La segunda premisa, de la cual no hablamos aquí, es que los seres carentes de conocimiento no pueden ordenarse a un fin a no ser que los dirija alguien con inteligencia. Todo esto habrá que encauzarlo bajo la idea de creación del mundo.

 

El resto es tarea del filósofo, es decir de quien ame la sabiduría.

 

Juan Ignacio  Rodríguez Barnés

Seminarista de FASTA

Comisión de Teología

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